Catedrales de España



Ya seas creyente o no, las catedrales siempre resultan un lugar imponente dentro de la arquitectura de cualquier ciudad donde se encuentren, resultando una parada prácticamente obligatoria donde admirar su belleza y arte que se encuentra en su interior.

Catedrales de España

En SitioEs te damos a conocer en profundidad la información más importante sobre las principales catedrales de España para que puedas visitarlas y… ¿por qué no? Quizás pedir un favor o realizar una promesa… ¡los milagros existen!

Introducción a las Catedrales

Cuando Luis Cernuda escribe desde el exilio su conocida colección de poemas en prosa bajo el mitológico nombre de Ocnos (1942), recuerda con nostalgia su Sevilla natal y, a través de ella, a la España entera que hubo de dejar. Uno de aquellos poemas se refiere a la catedral de Sevilla -y a través de ella, entiendo, también a las catedrales españolas en general-, de la que nada dice acerca de su estilo o siglo, ninguna nota erudita o curiosa, y sin embargo descubren sus palabras el escondido secreto de su atractivo: «Ir al atardecer a la catedral, cuando la gran nave armoniosa, honda y resonante, se adormecía tendidos sus brazos en cruz. Entre el altar mayor y el coro, una alfombra de terciopelo rojo y sordo absorbía el rumor de los pasos. Todo estaba sumido en penumbra, aunque la luz, penetrando aún por las vidrieras, dejara suspendida allá en la altura su cálida aureola. Cayendo de la bóveda como una catarata, el gran retablo era sólo una confusión de oros perdidos en la sombra. Y tras de las rejas, desde un lienzo oscuro como un sueño, emergían en alguna capilla blanca formas enérgicas y estáticas.

Obsérvese que Cernuda pone el dedo en la llaga cuando identifica la catedral no con su tamaño o gótico estilo, cosa que hubiera sido tan fácil como vulgar, sino con el altar mayor, coro, retablo, rejas y capillas, es decir, con todo aquello que de un tiempo a esta parte viene sufriendo una persecución tan incomprensible como inmisericorde en muchas catedrales españolas que, paradójicamente, son admiradas en el mundo entero por la singular belleza de este preciado ajuar litúrgico y su cotidiano uso.

Un ejemplo, cuando Yves Esquieu en su libro Quartier cathédral (1994), lamentándose del abandono de la vida capitular, del culto solemne y de la liturgia de las horas en el coro de las catedrales francesas, dice que para ver algo semejante a lo que en otro tiempo fue todo este universo catedralicio «es necesario ir a España para encontrar todavía -pero por cuánto tiempo-los coros reservados al rezo de las horas por los canónigos, a quienes todavía se les ve desfilar revestidos de sus capas forradas de satén, rojas y negras, últimos destellos de una institución más que milenaria.

Son estas imágenes que pasan ante nuestros ojos como una realidad efímera las que dejaron en Cernuda una huella más honda que el propio edificio: «Comenzaba el órgano a preludiar vagamente, dilatándose luego su melodía hasta llenar las naves de voces poderosas, resonantes con el imperio de las trompetas que han de convocar a las almas en el día del juicio. Mas luego volvía a amansarse, depuesta su fuerza como una espada, y alentaba amoroso, descansando sobre el abismo de su cólera. Por el coro se adelantaban silenciosamente, atravesando la nave hasta llegar a la escalinata del altar mayor, los oficiantes cubiertos de pesadas dalmáticas, precedidos de los monaguillos, niños de faz murillesca, vestidos de rojo y blanco, que conducían ciriales encendidos. Y tras ellos caminaban los seises, con su traje azul y plata, destocado el sombrerillo de plumas, que al llegar al altar colocarían sobre sus cabezas, iniciando entonces unos pasos de baile, entre seguidilla y minué, mientras en sus manos infantiles repicaban ligeras unas castañuelas.

Nuevamente son el altar mayor, el coro, la música, los oficiantes y acólitos, es decir, la catedral viva que diría Louis Gillet, los elementos que identifica Cernuda como propiamente catedralicios. Es la misma realidad que puso los nervios como alambres a un personaje de Pérez Galdós en Los Cien Mil Hijos de San Luis, en la propia catedral de Sevilla, que al oír «el grave canto del coro, y a intervalos una chorretada de órgano» le despertó «una violenta irrupción de ideas religiosas en su espíritu. Maravilloso efecto del arte, que consigue lo que no es dado alcanzar a veces ni aún a la misma religión!»

Algo de todo esto quiere rescatar del olvido el presente libro sobre la catedral en España que en su primera parte ofrece una breve exposición de lo que, a juicio del autor, ha sido la catedral en la historia, no tanto desde el punto de vista estilístico o estructural como desde una óptica espacio-funcional. En otras palabras, se trata de ver cómo se ha ido configurando la forma de la catedral en el mundo occidental en relación con sus específicas funciones, a partir de la basílica paleocristiana, para advertir la existencia de un modo español que distingue a la catedral en España como distinta a la de otros países de su entorno.

Esta visión resulta inédita por cuanto hasta ahora las catedrales españolas han sido observadas bien como una curiosidad exótica y periférica de Europa, según hicieron los viajeros del siglo XIX como Richard Ford o Davillier, bien como reflejo de cierta imagen tópica de España, según se ve en autores como N. A. Wells (The picturesque antiquities of Spain: escribed in a series of letters, with illustrations, representing Morish palaces, cathedrals, and another monuments…, Londres, 1846). Más interesantes por precisas son las valoraciones hechas por Ch. Rudy (The Cathedrals of Northern Spain, Boston, 1906), J. A. Gade (Cathedrals of Spain, Nueva York, 1911). W. W. Collins (Cathedral Cities of Spain, Nueva York, 1912) o C. G. Hartley (The cathedrals of Southern Spain, Londres, 1913) dentro de una visión general y personal.

Mayor alcance tienen por su análisis arquitectónico más especializado los trabajos de arquitectos e historiadores, desde G. E. Street hasta J. Harvey, si bien este último estudioso, uno de los mejores conocedores de la arquitectura inglesa medieval, no deja de sorprendernos cuando en su libro «The cathedrals of Spain» («Las catedrales de España», Londres, 1957) y ante su incomprensión de lo que significa espacial y litúrgicamente el coro catedralicio español, recurre a insostenibles paralelismos con los inmortales personajes de Cervantes, Don Quijote y Sancho. Harvey parece no haberse preguntado como era la disposición interior de la catedral de Ely, por ejemplo, y dónde estaba su coro antes de la adición de la cabecera gótica o cómo explica la situación actual de los coros de Peterborough, Gloucester, Norwich o St. Albans, entre otros, a los que podrían aplicarse las erróneas palabras que él dedica al coro español cuando se refiere a este como «una estructura separada que corta la nave destruyendo la unidad espacial que le habían dado sus arquitectos».

Teniendo en cuenta que, además, la tradición litúrgico-arquitectónica en Inglaterra coloca el órgano encima del screen-choir orood-choir (el jubé francés o nuestro trascoro), cortando hasta la altura de las bóvedas la visión longitudinal de la nave mayor (York, Lincoln, Exeter, Wells, Salisbury), frente a la disposición en paralelo de los órganos del coro en las catedrales españolas, resultan aún menos comprensible tales afirmaciones por parte del autor inglés. Por último, si se piensa que la mayor parte de las catedrales inglesas, como afirma el propio Harvey y se comenta en la primera parte de este libro, tienen un origen monástico, las llamadas english monastic cathedrals, es fácil concluir que muchos aspectos arquitectónicos que tienen su explicación en una determinada organización litúrgica son deudores de la organización monástica, la cual incluye el coro en el centro de la nave según se aprecia en Inglaterra y España, entre otros países.

Esto se debe a no haber considerado nunca la catedral como una tipologia arquitectónica deudora de sus funciones, por ello no se incluye en el excelente libro de Pevsner A History of Building Types (Princeton, 1976. Trad. española, 1979), donde, en cambio, al hablar de la tipología del «Hotel» se detalla la disposición y número de habitaciones, locutorios y demás piezas constitutivas del Lindell de Saint Louis, o bien al estudiar la «Biblioteca como tipo arquitectónico da cuenta de la altura de las estanterías de la biblioteca del cardenal Mazarino en París, del número de volúmenes que contenía y de los días y horario de mañana y tarde en que se abría al público. Pero, paradójicamente, nada de esto se tiene en cuenta al estudiar la catedral.

No se contabiliza con el mismo rigor el número de canónigos que constituyen el cabildo y en función del cual se proyecta el tamaño de la iglesia, ni su horario, ni sus obligaciones diarias ni la distinta función de sus espacios, como, en cambio se hace al hablar de las prisiones, museos u hospitales para explicar su forma y disposición En efecto, nada de esto encontramos cuando se habla de la catedral en general, y menos aún de la española en particular.

Normalmente las catedrales españolas aparecen como un apéndice final en la bibliografía europea o representadas por debajo de lo que debiera ser una visión equilibrada del fenómeno catedralicio, si es que se incorporan, según puede comprobarse en obras relativamente recientes como las de C. Wilson (The Gothic Cathedral, Londres, 1990) o A. Prache (Cathédrales d’Europe, Paris, 1999). Curiosamente y por lo dicho hasta aquí la historiografía en inglés ha sido la más atenta hacia el conjunto de las catedrales españolas, mientras que la bibliografía francesa, al margen de los estudios generales sobre historia de la arquitectura como los de E. Lambert, ha mostrado poco interés.

No obstante son, o fueron, muy conocidas obras de divulgación como las de G. Pillement, el traductor de Miguel Ángel Asturias (Les Cathédrales d’Espagne, París, 1951-1952; trad, al español, 1953), y de José Manuel Pita Andrade (Cathédrales d’Espagne, Paris, 1951) en una bellísima edición.

Más escasa es la bibliografía alemana que, sin embargo, cuenta con la obra de F. Rahlves (Kathedralen und klöster in Spanien, Wiesbaden, s.a.), que es la que ha contribuido más ampliamente al conocimiento y difusión de nuestras principales catedrales en Europa a través de numerosas ediciones traducidas al francés (1965), inglés (1966) y español (1969).

Otra cosa es la cuidadosa consideración de las catedrales españolas dentro del concierto europeo como sucede en la excepcional obra de H. Sedlmayr, El nacimiento de la catedral (Die Entstehung der Kathedrale, Zurich, 1950) o la singular monografía sobre la catedral de Burgos de H. Karge, que se recoge en la bibliografía general.

Dentro del panorama español la catedral como conjunto interesó a don Vicente Lampérez (Apuntes para un estudio sobre las catedrales españolas, Madrid, 1896), haciendo de ellas la espina dorsal de su excelente y primer estudio general de la arquitectura española bajo el conocido título de Arquitectura cristiana española en la Edad Media (Madrid, 1908). De esta obra salieron los datos que nutrieron otros libros de muy corta tirada y modesta edición como el de Ricardo Benavent (Las catedrales de España, Valencia, 1913) o el más amplio de Delfín Fernández y González que Ángel Dotor cita en el prólogo al libro de C. Sarthou Carreres (Catedrales de España, Madrid, 1946) y que debe referirse al que lleva por título Las catedrales de Europa (Barcelona, 1915).

El propio Dotor publicó algo después las Catedrales de España: Guía histórico-descriptiva de una seleccionada veintena de las principales (Gerona, 1950), que conoció varias ediciones, si bien la obra que más ha contribuido a la difusión de éstas es el referido libro de Carlos Sarthou, en sus diez ediciones, una de ellas en inglés (1997), en las que el texto inicial fue cambiando de formato, ilustraciones y contenido, habiendo participado el autor de estas líneas en las más recientes. En efecto, el presente trabajo es fruto de una larga reflexión sobre las catedrales españolas que recoge mi experiencia docente de los cursos de doctorado impartidos en la Universidad Politécnica de Madrid y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en mi participación en el Plan Nacional de Catedrales del Ministerio de Cultura, así como las conclusiones y textos de anteriores libros, cursos, artículos y conferencias, con el ánimo de contribuir a divulgar el mejor conocimiento de una de las facetas más extraordinarias del patrimonio cultural español.

Mientras se escriben estas líneas hay una propuesta para incorporar la catedral de Jaén a la Lista del Patrimonio de la Humanidad que elabora la Unesco y este mismo organismo internacional estudia a su vez la declaración del «valor universal excepcional» de la catedral de Sevilla, lo cual viene a confirmar lo dicho anteriormente.

Las mejores Catedrales de España

Desde León hasta Cádiz y de Barcelona a Santiago, es decir, de norte a sur y de este a oeste de España, encontramos los más hermosos templos de diferentes estilos arquitectónicos.

En la siguiente lista puedes econtrar las 14 catedrales más importantes del territorio español.

Hacia la catedral románica – Santiago de Compostela
El modelo francés de la catedral gótica – Burgos y León
El «modo español» – Toledo y Barcelona
La catedral y el mar – Mallorca
La Magna Hispalense – Sevilla
Basílica, mezquita y catedral – Córdoba
La catedral en el Renacimiento – Granada y Jaén
Las últimas versiones góticas – Salamanca y Segovia
Catedral-basílica barroca – Zaragoza
Fin de un ciclo histórico – Cádiz

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